8M en Toledo: más actividades, menos marcha
- Jimena Reverte

- 8 mar
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 7 may
La ausencia de una marcha institucional y el rechazo a una moción conjunta evidencian la creciente polarización política en torno al Día Internacional de la Mujer en la ciudad. ¿Estamos perdiendo el sentido del 8 de marzo?
Cada 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se ha vuelto habitual ver las calles llenas de mujeres que salen a alzar la voz. No es solo una fecha simbólica, sino también una oportunidad para evaluar avances y reconocer las desigualdades que aún persisten. Sin embargo, en Toledo, esta jornada vuelve a estar marcada más por la confrontación política que por el consenso social.
Por segundo año consecutivo, el Ayuntamiento ha decidido no convocar una marcha institucional por el 8M. Así, queda únicamente la marcha organizada por la Plataforma 8M Toledo. Y los rechazos solo acaban de empezar. El pasado viernes, en el pleno municipal, se rechazó la moción conjunta presentada por IU y el PSOE con motivo del Día Internacional de la Mujer.
No obstante, centrarse únicamente en lo que no se ha hecho sería simplificar la realidad. Este año, el Ayuntamiento ha organizado una programación amplia en torno al 8M: actividades culturales, acciones formativas y propuestas de sensibilización que se extienden durante varios días. Esto demuestra que no existe un abandono institucional. Hay actos y, por tanto, también hay presencia.
Aun así, el resultado es una sensación de fragmentación que traslada a la ciudadanía una pregunta incómoda: ¿se está convirtiendo la igualdad en una cuestión partidista? Y, al mismo tiempo, surge otra duda inevitable: ¿son suficientes las actividades propuestas?

Más allá de los símbolos
Es cierto que el compromiso político no se reduce a marchas o manifestaciones. La igualdad real se construye con presupuestos, programas educativos y recursos contra la violencia machista, como los que el Ayuntamiento ha programado durante estos días. Pero también es cierto que los símbolos importan.
Una marcha convocada por el Ayuntamiento no es solo una invitación a participar en el espacio público: es también el reconocimiento de una lucha histórica. La lucha de las mujeres que han salido a las calles, que salen y que seguirán saliendo para defender sus derechos.
Renunciar a esos gestos puede interpretarse como una forma de neutralidad institucional. Sin embargo, cuando hablamos de derechos fundamentales y de desigualdades estructurales, esa neutralidad puede percibirse más bien como un distanciamiento de la ciudadanía.

Más allá de la confrontación política
Quizá el reto para Toledo no sea decidir si hay o no una marcha institucional, sino preguntarse cómo construir consensos básicos en torno a la igualdad. No se trata de imponer una uniformidad ideológica, sino de compartir mínimos democráticos: el rechazo a la violencia de género, la apuesta por la corresponsabilidad, el apoyo a la conciliación y el impulso de la educación en igualdad.
Porque, más allá de las estrategias partidistas, conviene recordar que el 8 de marzo no pertenece a ningún partido. Pertenece a las mujeres que siguen viviendo injusticias y desigualdades en su día a día. Cuando el debate se centra únicamente en quién convoca, quién se opone o quién vota en contra, el foco se desplaza de las realidades concretas que siguen existiendo.
La igualdad no es propaganda política: es un principio democrático básico. Y los principios básicos no deberían depender del color del gobierno de turno.
Por eso, este 8 de marzo la pregunta sigue abierta: si Toledo quiere celebrar el Día Internacional de la Mujer desde el consenso y el compromiso compartido o si, también en esto, la división seguirá marcando el camino.





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