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Don Ignacio de la Cal: “Los chicos entran como un bloque de mármol bruto y aquí se van convirtiendo en escultura”

  • Foto del escritor: Ignacio Espada
    Ignacio Espada
  • 4 may
  • 7 Min. de lectura

El rector del Seminario Menor Santo Tomás de Villanueva, reivindica el valor humano, espiritual y académico de una institución centenaria y aún desconocida para muchos toledanos


Don Ignacio en su despacho en el Seminario Menor de Toledo // Foto: Ignacio Espada (El Puente de Toledo)

A espaldas del bullicio del Casco Histórico de Toledo, el Seminario Menor Santo Tomás de Villanueva se erige como una institución centenaria tan desconocida como singular. Establecido sobre uno de los edificios más históricos de la ciudad, el Seminario acoge a niños y jóvenes que tienen inquietudes vocacionales o quieren cursar sus estudios obligatorios en un ambiente con mayor formación espiritual.


Al frente de esta comunidad se encuentra don Ignacio de la Cal, rector del centro, que analiza para El Puente de Toledo el papel que desempeña hoy esta institución en la capital regional, el acompañamiento que reciben los adolescentes en pleno discernimiento personal y la vigencia de la vocación sacerdotal en un contexto social cada vez más alejado del hecho religioso. La conversación deriva además en una reflexión sobre la crisis actual del sacerdocio en España y los retos a los que se enfrenta la Iglesia.


En primer lugar, me gustaría que se presentase. ¿Quién es usted? ¿Qué rol tiene dentro del Seminario Menor?


Me llamo Ignacio y soy el rector del Seminario Menor Santo Tomás de Villanueva de Toledo. Nací en un pueblo de la provincia de Toledo, El Puente del Arzobispo y luego ingresé aquí, en el Seminario Menor, en primero de la ESO, cuando tenía 11 años. Fui ordenado sacerdote, pasando por el Seminario Mayor, en el año 2016 me destinaron a la parroquia de San Julián, aquí en Toledo, y luego estuve haciendo el estudio de doctorado en Roma tres años. Luego volví al Seminario Menor, primero como formador dos años, y ahora como rector.


 ¿Qué tarea desempeña usted como rector del Seminario?


La labor del rector en el Seminario, como indica la palabra, si se toma en su significado etimológico y original, es regir una comunidad, en concreto esta comunidad del Seminario Menor de Toledo, formada principalmente por menores de edad, con lo que se supone regir adolescentes, que ya es complejo. Y el rector tiene que cuidar todos los aspectos de la vida del Seminario, cuidar de los niños, jóvenes y adolescentes que puedan experimentar la llamada de Dios al sacerdocio, o al menos que quieren saber qué quiere Dios de ellos. Y luego también coordino el grupo de sacerdotes que trabaja aquí, porque no estoy solo, somos seis sacerdotes.


¿Qué encuentra usted lo más gratificante de trabajar en el Seminario? Y por el contrario, ¿qué le parece lo más complicado?


Lo más gratificante es ver cómo los chicos progresan y  van madurando a todos los niveles y de manera conjunta, porque la persona es una a nivel espiritual, a nivel humano, a nivel académico. Los chicos entran como un bloque de mármol bruto y aquí se van convirtiendo en escultura. Y lo más bonito es ver ese proceso, que solo se ve con el tiempo. 

Y por eso a la vez esto es lo más bonito, pero en el día a día, es un poco más complejo. Lo gratificante es a la larga, ver ese proceso, ver que se ha avanzado en el camino que se les propone aquí en el Seminario.


Ahondando un poco más en la formación, me gustaría que me explicase cómo es la formación, tanto académica como humana y espiritual, que se ofrece aquí en el Seminario.


La formación que ofrecemos parte desde una visión integral de la persona. Es decir, nosotros entendemos que el hombre es uno y para que madure correctamente lo tiene que hacer de manera armónica. Y además desde el punto de vista de la antropología cristiana, entendemos que no hay una auténtica armonía si no hay una presencia de Dios en la vida, que además es elemento fundamental que coordina a todos los demás. 


Por centrarnos en el ámbito académico, que es al que más tiempo dedicamos, intentamos que cada seminarista desarrolle su excelencia, la excelencia a la que puede llegar, porque en cada uno es distinta, por medio de un acompañamiento y una formación en las disciplinas humanísticas, sobre todo. Principalmente, que desarrolle todo aquello que está más vinculado con la figura del sacerdote, porque aunque no todos aquí vayan a ser sacerdotes, nuestra mirada está orientada hacia el sacerdocio.


Intentamos que se formen en la palabra, en la lectura, que conozcan la literatura, que disfruten con la buena literatura, intentamos que también crezcan en el conocimiento de los idiomas, que hoy son tan importantes para comunicarse…


Aquí tenemos la ventaja de ser un centro con pocos alumnos, por lo tanto podemos hacer que esa educación sea personalizada. Y al mismo tiempo que también sea cooperativa, es decir, que los propios alumnos entre ellos se ayuden para que descubran cómo la búsqueda del bien de los otros es un bien para uno mismo, es decir, que cuando progresamos todos es beneficioso de manera particular y de manera, por supuesto, comunitaria.


Me llama la atención el tema de acompañamiento espiritual. ¿De qué manera se acompaña a un joven que está pasando por un discernimiento vocacional?


Se le acompaña intentando poner nombre a aquello que vive. El acompañamiento lo que implica es sobre todo intentar que la persona comprenda lo que está viviendo, le ponga nombre e intente utilizar, tanto las cosas buenas como las cosas malas. También el acompañamiento conlleva orientar a cada uno a su propia vocación, porque aquí deben estar abiertos a la vocación sacerdotal pero luego incluso nosotros tenemos que orientar hacia la vocación matrimonial o cualquier otra.

Respetamos mucho la libertad personal, nosotros ayudamos y orientamos, pero las decisiones humanas tienen que ser libres y por eso nunca se invade ese espacio de libertad que caracteriza a la persona. Incluso cuando nosotros vemos claramente que se pueden estar tomando decisiones erradas tenemos que respetar su libertad. 


Claustro central del Seminario Menor de Toledo // Foto: Ignacio Espada (El Puente de Toledo)


¿Cuál es la relevancia del Seminario Menor para la ciudad de Toledo?


Hay como dos dimensiones; una, el edificio y otra, la institución. El edificio es muy importante en la ciudad de Toledo, porque es de los más antiguos. Las partes más antiguas son del siglo XI. Aquí, el edificio que se mantiene en pie más antiguo en la ciudad de Toledo es la Mezquita del Cristo de la Luz, que también es del siglo XI. Estamos en un edificio que fue el Palacio del Alcalde Musulmán de Toledo. Luego, de las manos del Alcalde Musulmán de Toledo, ya después de la reconquista, pasó a una de las familias más importantes, los Álvarez de Toledo, que hicieron aquí  su palacio y ya construyeron el claustro que tenemos.

Y aquí estuvo también situada la primera universidad de Toledo, la Universidad de Santa Catalina. Después, estuvo a inicios del siglo XX el Colegio de Vocaciones San José, que todavía no era un seminario, y en 1925 se erige el Seminario Menor de Toledo.


La institución como tal tiene 100 años, es relativamente reciente, sobre todo si se tiene en cuenta toda esta vida tan dilatada del edificio. Y por eso en este año celebramos el centenario, el curso 2025-2026. Como institución, tiene una importancia fundamental, sobre todo en la vida de la Iglesia. Es el Seminario Menor más numeroso de Europa, no solo de España, sino de Europa. También los seminarios menores en la actualidad, por diversos motivos, están en crisis, la mayor parte de las diócesis han tenido que cerrar y aquí en Toledo mantenemos todavía una comunidad relativamente grande.


Centrándonos en  la dimensión institucional, ¿cómo crees que se percibe hoy en día la presencia del Seminario Menor?


En primer lugar, y lo hemos podido constatar sobre todo este año como título de centenario, es una institución bastante desconocida en la actualidad, de hecho cada día vivimos episodios de gente que viene a visitarnos y nos dicen que no conocen el Seminario.

A veces es difícil comprender, sobre todo desde la ausencia de la fe, porque es una cuestión de fe, que nosotros podamos aceptar y defender que un niño, un adolescente o un joven puede vivir una relación profunda con Dios, incluso puede experimentar lo que llamamos vocación. Esto sin fe no se entiende. Desde la fe es incluso comprensible que en los años de la infancia, de la adolescencia, se escuche con más claridad la voz de Dios, porque es cuando menos pecado hay.


Nosotros lo que siempre intentamos evitar es que se entienda que el Seminario es un reformatorio. Aquí no vienen aquellos chicos que no saben lo que hacer con ellos los padres, o intentamos que eso no sea así, sino que vienen otro tipo de chicos, chicos que en medio de sus dificultades y su rebeldía adolescente, pues que tienen un planteamiento de vida serio y quieren seguir una vocación.


Para terminar, en este contexto de crisis vocacional ¿cuál considera que es el mayor reto para los sacerdotes? 


Yo creo que el mayor reto actualmente de los sacerdotes es llegar a comprender y aceptar que la crisis que se vive en la Iglesia, porque estamos en una crisis, es una crisis que tiene una raíz espiritual, porque se están intentando fomentar el uso de disciplinas humanas para mejorar la vida de los sacerdotes, que hay que hacerlo también, pero no es el principal problema.


Y quizá eso es lo que nos está pasando hoy, y que también ha hecho que en muchas ocasiones la vida del clero se haya desvirtuado. Gracias a Dios hay muchos sacerdotes buenos, fieles, pero también vemos que en parte se ha desvirtuado en muchos de ellos. Hasta que no volvamos a esa tradición espiritual y hasta que la Iglesia no se dedique a hacer lo que tiene que hacer, que es fomentar y propiciar la vida espiritual en los hombres, por supuesto que esta crisis no se solucionará, a mi modo de ver.



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