Fernando Barredo, LOC: "Toledo corre el riesgo de convertirse en un parque temático"
- Víctor Barategui

- 15 abr
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 6 may
El presidente del Círculo de Arte reivindica la cultura de vanguardia frente a la inercia del turismo de masas y la falta de apoyo institucional a los creadores locales.

En el corazón del Casco Histórico de Toledo, donde las piedras parecen susurrar solo historias de reyes y clérigos, se erige un bastión de rebeldía creativa: el Círculo de Arte. Ubicado en la antigua iglesia de San Vicente, este espacio desacralizado ha dejado de custodiar dogmas para abrazar la libertad artística en todas sus formas. Al frente de esta resistencia cultural se encuentra Fernando Barredo, LOC, un hombre que no entiende de medias tintas ni de silencios complacientes.
Artista, activista y gestor con una visión tan afilada como necesaria, Barredo defiende un Toledo que respire más allá de las postales. En esta entrevista, nos adentramos en la penumbra vibrante de su sede para charlar sobre el papel de la vanguardia en una ciudad Patrimonio de la Humanidad, las dificultades de programar cultura alternativa entre murallas milenarias y la urgencia de despertar a una ciudad que, a veces, parece preferir el sueño del pasado al rugido del presente.
¿Qué papel juega el Círculo de Arte dentro de la vida cultural de Toledo?
El Círculo de Arte no es solo una asociación; es una resistencia cultural. En una ciudad como Toledo, donde el peso de la historia y el patrimonio es tan abrumador que a veces asfixia el presente, nosotros funcionamos como un pulmón de oxígeno. Nuestra sede, la antigua iglesia de San Vicente, es un símbolo en sí mismo: un espacio sagrado que hemos recuperado para el "sacrilegio" de la creación libre y el pensamiento crítico.

Jugamos el papel de puente entre épocas. Somos el lugar donde el ciudadano de a pie puede encontrarse con una exposición de pintura abstracta mientras se toma un café, o donde un poeta puede recitar sus versos bajo techos mudéjares. Somos la alternativa real a la "cultura de escaparate". Mientras otros se enfocan en conservar el pasado, nosotros nos enfocamos en generar el futuro cultural de la ciudad, ofreciendo un escenario a todo aquel que tenga algo que decir y no encuentre sitio en los circuitos oficiales y encorsetados de la administración.
¿Qué tipo de público suele acudir?
Hablar de un solo tipo de público sería faltar a la verdad; somos un espacio intergeneracional y transversal. Durante el día, recibimos a un público más pausado: estudiosos del arte, turistas que buscan la cara B de Toledo y vecinos del Casco que ven en el Círculo su centro social. Pero al caer la tarde, la energía cambia.
Acude desde el coleccionista de arte que viene a una inauguración, hasta el joven universitario que busca una música que no suena en las radiofórmulas. Tenemos una base de socios muy fiel, gente con un criterio formado y una curiosidad insaciable. Lo que une a todo nuestro público no es la edad ni la procedencia, sino una actitud: la de no conformarse con el consumo cultural pasivo. Aquí la gente viene a participar, a debatir y a dejarse sorprender por propuestas que, a menudo, son arriesgadas.
¿Cómo se atrae a público joven?
A la juventud no se la atrae con campañas de marketing vacías, sino con autenticidad y espacios de autogestión. El joven de hoy detecta rápidamente cuando algo es impostado. En el Círculo les ofrecemos algo que escasea en Toledo: un lugar donde no son solo espectadores, sino protagonistas.
Programamos festivales de música emergente, sesiones de DJs que exploran nuevas texturas sonoras, recitales de slam poetry y exposiciones de artistas de su misma edad que están rompiendo moldes. Además, mantenemos una política de precios y un ambiente de apertura que les hace sentir que este edificio histórico también les pertenece. No queremos que vean el patrimonio como algo viejo y ajeno, sino como el contenedor perfecto para su propia modernidad. Si les das las llaves de la creatividad, ellos vienen solos.

¿Es fácil promover cultura alternativa en una ciudad tan turística como Toledo?
Sinceramente, es una tarea hercúlea. Toledo padece lo que yo llamo la "tiranía del monumento". Existe una inercia institucional que tiende a convertir el Casco Histórico en un parque temático para el turismo de masas, priorizando la tienda de souvenirs y el restaurante de menú turístico sobre el centro de creación.
Promover lo alternativo significa luchar por el espacio público y por la atención de las instituciones, que a menudo prefieren invertir en grandes eventos de relumbrón que duran un día antes que en la cultura de base que se construye día a día. A veces parece que la ciudad se empeña en ser solo un decorado del siglo XVI, y nosotros nos empeñamos en recordar que en 2026 también hay artistas que necesitan comer, crear y exponer en su ciudad. Es una lucha constante contra la gentrificación cultural.
¿Qué dificultades encuentra a la hora de programar actividades?
Las dificultades son múltiples, pero la principal es la financiación y la falta de apoyo logístico. Mantener un edificio de estas características y una programación constante sin apenas ayudas públicas es un ejercicio de equilibrismo financiero extremo. Cada concierto, cada exposición y cada taller es una apuesta de riesgo que asumimos nosotros.
Por otro lado, está la maraña burocrática. Las normativas municipales y de patrimonio son extremadamente rígidas. Entendemos que hay que proteger el entorno, pero a veces parece que las leyes están hechas para que no se haga nada, en lugar de para facilitar que la cultura fluya. Programar en el Casco Histórico de Toledo es enfrentarse a restricciones de ruido, de carga y descarga, y de horarios que a menudo chocan con la naturaleza de las artes en vivo. Sin embargo, nuestra voluntad es de hierro y siempre encontramos la forma de que la luz no se apague.
¿Qué le falta a Toledo a nivel cultural?
A Toledo le falta valentía política y una visión a largo plazo. Falta sacudirse el complejo de "ciudad-museo" y entender que una ciudad sin artistas vivos es una ciudad muerta, por muy bonitas que sean sus piedras. Necesitamos un plan estratégico cultural que no mire solo al turista, sino al residente.

Faltan más espacios como el Círculo en otros barrios de la ciudad; no todo puede pasar en el Casco. Falta una red de apoyo real al artista joven local, para que no se vea obligado a emigrar a Madrid en cuanto quiere profesionalizarse. Y, sobre todo, falta que las instituciones entiendan que la cultura alternativa no es un "capricho" de cuatro bohemios, sino un motor económico y social fundamental para que Toledo sea una capital europea moderna y no solo una reliquia del pasado. Necesitamos menos fotos oficiales y más apoyo al barro, a la pintura y al sudor de los escenarios.




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