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La inteligencia artificial no sustituye al criterio artístico

  • Foto del escritor: Víctor Barategui
    Víctor Barategui
  • 3 mar
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 26 mar

El polémico cartel de la Semana Santa de Toledo de 2026 pone en duda si los concursos públicos están preparados para los nuevos retos digitales


Cartel de la Semana Santa de Toledo de 2026, parte superior / Diego Mora
Cartel de la Semana Santa de Toledo de 2026, parte superior / Diego Mora

El cartel de la Semana Santa de Toledo para este año ha generado un gran debate. La presentación del cartel debería haber sido un momento solemne para anunciar una festividad importante, pero en lugar de eso, se ha convertido en un tema de discusión sobre la ética en el diseño y la falta de rigor técnico.

Cartel de la Semana Santa de Toledo de 2026
Cartel de la Semana Santa de Toledo de 2026

 

A primera vista, la obra parece reunir los elementos iconográficos que se esperan de una cita de este calibre: el Cristo de la Agonía, los nazarenos y la silueta del Alcázar. Sin embargo, al analizarla con detenimiento, surgen fallos técnicos que comprometen su calidad. La composición carece de una jerarquía clara y presenta errores de iluminación entre los distintos planos, con texturas que transmiten una sensación excesivamente artificial. Estas deficiencias sugieren un uso descuidado de la inteligencia artificial, empleada más como un atajo que como una herramienta, prescindiendo de la supervisión humana necesaria para dotar a la imagen de coherencia y oficio.



No podemos ser contrarios a la tecnología, porque es una herramienta útil. Pero no debe ser una excusa para evitar hacer las cosas bien. El uso de herramientas generativas en un cartel importante no debería ser visto como algo innovador, sino como una forma de ahorrar esfuerzo creativo. Es preocupante que una ciudad como Toledo, con tanto peso histórico y artístico, acepte un cartel que carece de la “mano” y el alma de un artista o diseñador.

 

El problema real es que los jurados de los concursos públicos no parecen estar preparados para los retos actuales. No han sabido distinguir entre una obra técnica solvente y un collage digital generado por algoritmos con fallos básicos. Permitir que una imagen con estas deficiencias represente a la ciudad es una falta de respeto al legado artístico toledano y a los profesionales del sector que trabajan duro para crear algo de calidad.


Diego Mora, autor del polémico cartel, durante el acto oficial de presentación / Ayuntamiento de Toledo
Diego Mora, autor del polémico cartel, durante el acto oficial de presentación / Ayuntamiento de Toledo

 

En resumen, este cartel debería ser un punto de inflexión para el futuro. Es necesario que las bases de los concursos se profesionalicen y se exijan procesos de creación transparentes. La autoría real debe ser valorada por encima de la inmediatez tecnológica. No se puede confundir la modernidad con la falta de oficio. Toledo merece una excelencia visual que una máquina no puede replicar con coherencia y dignidad.


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