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La sinagoga del Sofer, una joya patrimonial olvidada bajo la judería toledana

  • Foto del escritor: Jimena Reverte
    Jimena Reverte
  • 25 feb
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 26 feb

El histórico enclave, cuyo mantenimiento corresponde al Ayuntamiento, presenta un notable estado de abandono pese a su relevancia en la convivencia medieval de las tres culturas


Estado de los aljibes de la sinagoga del Sofer en la actualidad/ Foto: Itziar Machicado



Litronas, bolsas de aperitivos, preservativos y maleza ocupan hoy el interior de la sinagoga del Sofer, uno de los vestigios patrimoniales más antiguos de Toledo. Situada en la antigua judería, frente a la Escuela de Arte, este espacio histórico permanece abierto al público sin ningún tipo de control de acceso.


El enclave, oculto bajo unas tablas de madera que conforman la superficie de la Plaza del Sofer, conserva en su entrada dos aljibes que, al igual que el resto del recinto, acumulan residuos que se filtran entre las rendijas de la estructura superior.


Durante años, varios guías turísticos han alertado del deterioro y la falta de limpieza del lugar. El Consorcio de Toledo, creado en 2001 para la rehabilitación y conservación del Casco Histórico, fue el encargado de preservar los restos arqueológicos. Desde 2012 asumió también su gestión y mantenimiento, aunque ya entonces existían quejas por el estado del recinto. Ante esta situación, el Consorcio y el Ayuntamiento —cuando Emiliano García-Page ocupaba la Alcaldía— firmaron un acuerdo para que la institución se hiciera cargo de la limpieza del entorno.


Sin embargo, catorce años después, la solución no parece haber dado los resultados esperados. Según ha confirmado el propio Consorcio, el 31 de marzo de 2024 concluyó su periodo de gestión, conservación y mantenimiento tras finalizar la cesión temporal del espacio. Desde entonces, la responsabilidad recae en el Ayuntamiento, que pasa a encargarse de la que está considerada como la sinagoga más antigua de la ciudad, datada entre la segunda mitad del siglo XII y comienzos del XIII.


Fuentes municipales señalan que el recinto aún no está incluido dentro del contrato del servicio de limpieza, por lo que su mantenimiento se realiza de manera limitada por operarios municipales.


Más allá de su actual estado, el valor histórico del Sofer es incuestionable. El investigador francés Jean Passini, especialista en arqueología urbana y profundo conocedor de los barrios judíos toledanos tras más de tres décadas de estudio, recuerda que el enclave fue mucho más que un templo. “No solo era una sinagoga, sino un complejo”, explica. Entre los siglos XII y XV funcionó como espacio vinculado al agua, con reservas destinadas al abastecimiento en caso de peligro, junto a la conocida casa de la Higuera, símbolo de la presencia de recursos hídricos, y donde posteriormente se documentaron diversos pozos.


En la actualidad, además de la suciedad, el recinto carece de señalización adecuada y presenta pintadas en sus muros, muy lejos del carácter espiritual y cultural que tuvo en la Edad Media. El término “Sofer”, que significa “libro” en hebreo, da cuenta de la importancia que alcanzó esta sinagoga, situada en un entorno donde convivieron judíos, musulmanes y cristianos en un contexto de intercambio cultural y desarrollo intelectual.


Este espacio, hoy ubicado en una de las zonas más transitadas de la llamada ciudad de las tres culturas, fue en su día símbolo de encuentro, respeto y entendimiento entre religiones. Su recuperación y puesta en valor no solo contribuirían a preservar uno de los enclaves patrimoniales más singulares de Toledo, sino también a mantener viva una parte esencial de su memoria histórica.





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